Alargar el movimiento: La fotografía dancística de Ricardo Alcaraz

Entrevista de Jorge Lefevre Tavárez

 Pieza Cumba, de Petra Bravo, en las Fiestas Coreográficas (2006).
Bailan Cristina Lugo, Norberto Collazo, Mariel Rosario, Steven Rodríguez

Nota de Categoría Cinco: el siguiente texto tiene como base una entrevista que Jorge Lefevre Tavárez le hizo al fotógrafo y artista Ricardo Alcaraz Díaz. Esta fue transcrita y editada antes de regresar a manos de Ricardo para su elaboración.

Mi acercamiento inicial a la fotografía y a la danza se debe a mi oficio, al fotoperiodismo. Como fotoperiodista, primero en los periódicos Claridad y luego en Diálogo, uno se acostumbra a cubrir todo tipo de eventos, y como parte de mi trabajo cubrí también eventos de danza. No obstante, mi interés en esta expresión artística tiene un origen mucho más personal. Tiene que ver con el momento en que matriculamos a mi hija Yari Alejandra en clases de danza en la escuela de Balleteatro Infantil Nana Hudo en Santurce. Yo, como padre orgulloso, iba a todas las funciones y tomaba fotos. 

Eventualmente ella se apasionó con el baile. Antes de entrar a la Universidad de Puerto Rico, tomó cursos de danza contemporánea con Petra Bravo en el recinto de Río Piedras, y desde entonces tuvieron una relación estrecha. Yari formó parte del grupo inicial de la compañía Hincapié, que creó y lideraba Petra, y yo iba a casi todas las producciones. Luego de su primer año de universidad, Yari se va a los Estados Unidos para hacer un bachillerato en Danza, que no existía en Puerto Rico. De mi parte, ya se había creado un interés en la danza y en fotografiarla.

Tras-paso. Grupo Hincapié, DanzaFest, Centro de Bellas Artes de Santurce (2004)

Cuando empecé a tomar fotos de los eventos de danza, no tenía muchos referentes en esta área. Mis referentes eran más bien del fotoperiodismo clásico, ensayos fotográficos de comunidades, por ejemplo. Admiraba mucho a William Eugene Smith y a fotógrafos de ese mismo tipo. Recuerdo una lectura en una revista de una entrevista grupal a unos fotógrafos (no recuerdo sus nombres), y uno de ellos afirmaba que no le interesaba ser “original” sino ser “bueno”. Claro, esto no hay que tomarlo de manera literal, pero era una manera de recordar que hay que esmerarse en el trabajo, aunque uno estuviese cubriendo algo puñeteramente aburrido como una conferencia de prensa, y esto fue algo que me marcó en mis años formativos. 

Entonces, originalmente, no tenía, una visión sobre la fotografía de la danza. 

Usualmente en la fotografía, uno trata de congelar el movimiento. Por ejemplo, en los deportes, uno quiere grabar el momento preciso en que alguien lanza la bola, brinca, salta, etc. El que salga borroso se percibe como un defecto. Eso es lo clásico, esa es la formación en la que me desarrollé.

Con la danza, mi estilo se inicia, un poco, por accidente. A diferencia de la danza clásica, donde la iluminación tiende a ser más amplia para que se facilite ver lo que ocurre en el escenario, en la danza contemporánea, la iluminación resulta más trabajosa para el fotógrafo. Suele ser más oscura, menos constante a lo largo del escenario, con contrastes fuertes, porque es trabajada conceptualmente. Para el público, por supuesto, forma parte de la experiencia artística, de lo que uno va a ver, experimentar e incorporar en la interpretación. Como fotógrafo, sin embargo, esto presenta retos. 

Cuando uno retrata con poca iluminación, se tiene que bajar la velocidad de la cámara, y me refiero al tiempo que transcurre en la toma de una foto. Una velocidad alta permite captar un momento más preciso, porque permite captar lo que está pasando en fracciones de segundo. Cuando hay poca luz, sin embargo, se hace necesario bajar la velocidad e implica que la foto toma más tiempo y capta más movimiento.

En las producciones de la danza contemporánea, muchas veces, no siempre, me era necesario reducir la velocidad de la cámara, por el asunto de la iluminación.  El resultado era que se preservaba el movimiento, se “alargaba”, si se quiere, a través de ese aspecto borroso que uno usualmente buscaba evitar. Me pareció distinto, diferente, y le fui cogiendo el gusto. Poco a poco, fui haciéndolo parte de mi estilo al acercarme a la danza contemporánea, incluso cuando ya no era una necesidad por la iluminación. Lo hacía por el gusto y por las posibilidades estéticas. Se convirtió en mi visión como fotógrafo a la hora de cubrir la danza. Claro, al tirar a velocidades bajas, siempre aumenta el riesgo de que la foto no servirá, por la falta de precisión, por exceso de distorsión. Pero a veces me gustan los riesgos, como en este caso.

El concepto era que la danza no tenía punto final; es todo movimiento, y ese movimiento sigue más allá del evento singular y se capta en la fotografía. 

Este tipo de acercamiento es bastante particular a mi trabajo de la danza, aunque lo he extendido a otros ámbitos de mis faenas fotoperiodísticas. Me refiero a la música, el deporte, incluso a las manifestaciones políticas. Tengo algunas fotos que me gustan mucho, del saxofonista Miguel Zenón, por ejemplo, y de Endel Dueño, un timbalero reconocido del mundo de la salsa, donde, a través de este acercamiento, logro captar su pasión, su energía. Lo he utilizado, también, al tomar fotos de pleneros. Pero es la danza la que me ha permitido mayores posibilidades con este estilo. 

Endel Dueño en el Festival de Jazz Borikén, Teatro de la UPR (2007)

Siempre he dicho que el fotoperiodismo es captar la esencia de lo que está pasando de la mejor forma posible. Pero eso no quiere decir que la foto siempre capta lo que se ve. A veces capta lo que no se ve. Me remonto a una foto que tomé en Isla Mona, que no se relaciona con la danza, aunque sí con mi visión del movimiento y la fotografía. En un momento dado, desde el faro de Mona, está atardeciendo, y decido tomarle una foto al horizonte y al atardecer. Pongo la cámara en un trípode, y tomo varias fotos con diapositivas. El tiempo de las tomas duraron como un minuto, tal vez un poco más. Durante este lapso de tiempo yo también observaba el atardecer. Cuando finalmente revelo y veo las fotos, me digo: “yo no vi esto”. La gradación de colores que capta la cámara no se veía a simple vista, mientras miraba el horizonte. Pero eso lo captó la película. Y lo mismo ocurre, de paso, con quienes perciben las auroras boreales, según me han contado. Esos colores que se ven en las fotos de auroras boreales no se aprecian así cuando uno los ve a simple vista. La fotografía en ese sentido permite captar un momento, sí, pero capta más allá de lo que nuestra propia visión percibe. Y eso ocurre con el tipo de foto que yo hago sobre la danza. El movimiento que captan no se ve a simple vista. Uno no ve ese movimiento, no capta las transiciones.

En mi trabajo de danza, se pierde en muchas ocasiones el sujeto en su singularidad reconocible, aunque no todo mi trabajo es así. Tengo muchísimas fotos de danza y ballet, y de otros estilos, en que hago fotografías más clásicas, de congelar el movimiento. A muchos bailarines, especialmente los que se han formado más en la tradición clásica, les gusta que se capte el momento preciso de un movimiento, digamos, cuando los cuerpos están en su máxima extensión y perfección. Y a muchos de ellos no les gustan mis fotos de movimientos alargados porque no se distinguen. ¡Y los entiendo!, entiendo por qué se encojonan conmigo. Hay otros artistas, sin embargo, que no tienen inconvenientes con esto, y les gusta. 

Hincapié, Teatro de la UPR.
Homenaje a Merce Cunningham (2009)

Aunque, como dije, mi acercamiento inicial a la danza se da gracias a que el fotoperiodismo entrena a uno a cubrir toda una serie de actividades, mis fotos sobre la danza son un proyecto más personal. Parten de mi formación, pero también tienen un desarrollo independiente. Para Diálogo, cuando cubríamos un evento de danza, la interacción se daba previo a la actividad. Nosotros entrevistábamos a la compañía o a los artistas con antelación porque era una forma de dar a conocer el proyecto que desarrollaban, de anunciarlo al público. En parte también tiene que ver con la materialidad de la prensa. Diálogo era un periódico en papel que se publicaba mensualmente, y dado que el interés principal era anunciar un evento artístico, no existía la posibilidad de esperar a las funciones para tomar las fotografías y que salieran publicadas durante la duración del evento. Yo retrataba los eventos de danza, pues, por cuenta mía, por mi interés. Le cogí tanto gusto a la danza, y a esta faceta de mi fotografía, que iba constantemente a las producciones. 

Siento que, al fotografiar la danza de esta manera, desarrollo un proyecto artístico propio. Es decir, parto de un evento, sí, estoy acercándome a una gente que se encuentra en movimiento practicando una expresión artística, pero con mis fotos estoy creando otra cosa. Ese era en parte el concepto del título de mi exhibición de fotos de danza, “La danza que nunca termina”, que se llevó a cabo en la Galería San Juan Bautista en septiembre del 2013. El concepto era que la danza no tenía punto final; es todo movimiento, y ese movimiento sigue más allá del evento singular y se capta en la fotografía. 

Antes de ser fotógrafo, mi gusto, mi pasión, era la de mirar fotos. Yo veía mucho las revistas Life y Look. Me las devoraba, viendo las fotos. Pero jamás había pasado por mi mente ser fotógrafo. Recuerdo una vez, ya entrado en mi carrera como fotoperiodista y embarcado en este proyecto estético de fotografiar la danza, volver a Life y reconocer que el estilo de algunas de sus fotos de ballet se parecía a lo que yo practicaba. No recuerdo el nombre de los fotógrafos, o de las piezas, pero me alegró saber que otras personas exploraban las posibilidades de la fotografía y del movimiento corporal de una manera semejante. Y que quede claro, esto lo vienen haciendo fotógrafos hace mucho tiempo, no soy un innovador en este sentido. Simplemente es mi gusto y trato de hacerlo lo mejor posible.

Las imágenes que seleccioné para este número de Categoría Cinco datan del 2004. Son una muestra representativa de mi estilo y de lo que me apasiona de la danza, que es el movimiento, pero la fluidez del movimiento. Es más problemático generar este tipo de fotografía, para mí es un reto, pero me interesa que al plasmar el movimiento de los cuerpos se proyecten otras cosas y que puedan brindar a quien mira otra visión de estas presentaciones.

Balleteatro Nacional.
Centro de Bellas Artes de Guaynabo (2012)

Grupo Hincapié, Tras-paso. DanzaFest,
Centro de Bellas Artes de Santurce (2004)

Ballet Concierto, Cascanueces.
 Centro de Bellas Artes de Santurce (2010)

 

Sombrerismo, Ballet Hispánico de Nueva York.
Centro de Bellas Artes de Santurce (2015)

Taller de video-danza ofrecido por Kiani Del Valle.
Local de Y no había luz (2014)

Teatro-danza, Hij@s de la Bernarda.
Festival Casals, Centro de Bellas Artes (2019)

 

Ensayo general de Giselle.
Balleteatro Nacional de Puerto Rico (2014)

Norberto Collazo, Físico relativo 100 x 35 (2012)

Norberto Collazo, Ya-no sapiens.
V Fiestas Coreográficas de Hincapié (2009)

Ballet Municipal de San Juan (2004)

Hincapié, Teatro de la UPR.
Homenaje a Merce Cunningham (2009)

 

Denisse Eliza y James Thomas en Flesh, por CoDa21.
Que no nos quiten lo bailao-homenaje a Petra Bravo (2019)

 


*Ricardo Alcaraz Díaz es fotoperiodista autodidacta desde el 1976. Ha laborado en el semanario Claridad, en el periódico
Diálogo de la UPR y en innumerables proyectos independientes.

*Jorge Lefevre Tavárez es editor, ensayista, docente y sindicalista. Forma parte del Consejo Editorial de Categoría Cinco.

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