Las Fiestas de Santiago Apóstol: continuidades y variaciones

Lowell Fiet

Caballeros, 2023

El Santiago de los niños se presenta como el actor principal

en este drama de sentidos religiosos imbricados y compenetrados.

Una relación con Loíza

Visité el pueblo de Loíza por primera vez en diciembre de 1975. Me llevaron allí varios amigos para comer jueyes. Yo era el único extranjero del grupo y no sabía qué esperar de Loíza, ni tampoco de los jueyes. Regresé una segunda vez el 25 de julio de 1978 – día de Santiago Apóstol y de los loiceños ausentes, pero también de los asesinatos del Cerro Maravilla. Ese día cruzamos el Río Grande de Loíza en el viejo ancón para regresar a Río Piedras por Piñones. Para ese entonces ya yo era residente de Puerto Rico y estaba listo para comenzar mis años en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPR-RP). Durante la próxima década viajaría de vez en cuando al pueblo de Loíza, a la playa y a los restaurantes de Medianía Alta de la ruta 187, que es la principal del pueblo. Recuerdo un viaje en particular, justo después del huracán Hugo (en septiembre de 1989), cuando llevé una pareja de amigues ingleses a Loíza. No había ni luz ni agua —aunque tampoco en Miramar, donde vivía en ese momento. Igual logré comprar una máscara de vejigante en la tiendita de la familia Ayala. En la década de los 1990, me compenetré más y más con Loíza, con los toques de bomba en Las Carreras, los trabajos de artistas loiceños y las Fiestas de Santiago Apóstol.

En este ensayo no intento interrogar el aparente enigma de mis casi 50 años de relación con Loíza y sus fiestas de Santiago Apóstol, ya en calidad de visitante como de investigador. El punto de enganche, si acaso, sería esa máscara de Vejigante movilizada en el contexto de un “drama popular” (según lo han descrito antropólogos como Melville Herksovits y Víctor Turner y por la “antropología teatral” teorizada por Eugenio Barba). Las nociones de pueblo rural, de calor humano en un acto comunitario y de una estética cultural abierta y accesible contribuyeron a mi interés por Loíza y sus fiestas. Finalmente, yo también me crié en un pueblito rural de los Estados Unidos, pero uno en el que hacía mucho frío y en el que los ancestros no regresaban a bailar en las calles.

El recorrido de los santos

Según la leyenda local, el santo de palo Santiago Apóstol fue encontrado debajo de un árbol de corcho en el sector Las Carreras, localizado alrededor de tres millas al este de la iglesia San Patricio y del Espíritu Santo en la plaza central del pueblo de Loíza. Los pescadores (si fueron ellos quienes lo encontraron) lo llevaron a esa iglesia, pero el santo se escapó inmediatamente para regresar a su árbol. Así, en dos ocasiones sucesivas, volvieron a llevar al santo a la iglesia solamente para encontrarlo de nuevo en el árbol. Por eso se dice que es el santo del pueblo y no de la iglesia, y por lo cual reside en las casas de “les mantenedores”. Según se estima, estos hechos ocurrieron entre 1820 y 1830, aunque otras versiones los fijan en fechas anteriores. Lo cierto es que a través del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Loíza adquirió dos estatuitas de yeso blanco adicionales (Santiago de los hombres y Santiago de las mujeres) para acompañar el santo de palo de la leyenda, ahora Santiago de los niños o “Santiaguito”. Todos son del pueblo y “viven” con sus familias mantenedoras y no en las iglesias.

Santiago de los Niños, 2023

En las Fiestas coinciden y se entremezclan elementos sagrados y profanos.  El 25 de julio, día de Santiago Apóstol, sale la imagen del “Santiago de los hombres” de la casa de sus mantenedores y entra a la iglesia. Esta es la primera de las tres estatuitas que encabezan las distintas procesiones durante los diferentes días de las festividades —las otras dos son el Santiago de las Mujeres y el Santiago de los Niños (Santiaguito). Algunos años se hacen festejos el 25 de julio y hasta un desfile en el mismo pueblo. No obstante, la parte sagrada comienza el día 26 cuando el Santiago de los Hombres sale de la iglesia y “corre” tes millas (en litera sobre los hombros de cuatro a seis devotes) por el trayecto de sectores con nombres como La Ceiba, Miñi Miñi, Colobó y El Parrilla a lo largo de la ruta 187 por los barrios Medianía Baja y Medianía Alta hasta llegar al sector de Las Carreras (probablemente nombrado por las carreras a caballo). 

De ahí vira a la izquierda hacia el mar por alrededor de un cuarto de milla hacia el lugar en donde se erguía el árbol de corcho centenario. Ese viaje representa —según dice la leyenda— el primero de los tres regresos del santo al lugar de su descubrimiento debajo del árbol de corcho, ahora marcado por una escultura-mosaico del artista local Daniel Lind Ramos. De camino en la ruta 187, el santo se encuentra con las imágenes del Santiago de los Niños (“Santiaguito”, el santo de palo original) y al Santiago de las Mujeres, las saluda y los tres siguen camino juntos hasta la base del árbol-mosaico antes de ser regresados a las casas de sus mantenedores.

El segundo día de las Fiestas, el 27 de julio, el Santiago de las Mujeres (también asociado con la madre de María y celebrado por algunes como Santa Ana) comienza su procesión en la plaza del pueblo y recorre la ruta del día anterior hacia Las Carreras, saludando en su trayecto las casas de les mantenedores de los otros dos santos. Aunque no pasó en las Fiestas del 2023, usualmente el Santiago de las Mujeres lleva a “Santiaguito” consigo hasta el árbol-mosaico. Al llegar al final de la ruta, el Santiago de las Mujeres/Santa Ana regresa a su casa y “Santiaguito” entra en su propia iglesia, la Iglesia de Santiago Apóstol en Medianía Alta, para pasar la noche.

Es crucial entender la naturaleza popular de estas procesiones. Desde temprano en la tarde, y bajo el sol fuerte de julio en Puerto Rico, decenas de espectadores en sillas plegables, con neveras, comida y bebidas esperan a lo largo de la ruta 187. Muches de elles van a unirse a les devotes del santo del día o a la(s) comparsa(s) de personajes enmascarados que actúan, corren, brincan, gritan y festejan frente al santo desde el pueblo hasta el fin de la ruta. La primera procesión es más pequeña, pero la celebración aumenta su participación cada día. Además, comienza con un desfile de 20 devotes y enmascarades al salir del pueblo que aumentará a varios cientos o más, dos horas y tres millas más tarde al entrar en Las Carreras. 

La ruta del tercer día, el 28 de julio, pertenece al Santiago de los Niños. Pasa la mañana en el pueblo con festejos infantiles. En el 2023 hubo una procesión hermosa de niñes-vejigantes que terminó en el centro comunitario de lo que se conoce como el Viejo Ancón. Después de las tres de la tarde, “Santiaguito” sale del pueblo en la que normalmente es la procesión más concurrida. Hace sus saludos a lo largo del camino, pero continúa solo hacia el corcho, el lugar en donde lo encontraron hace más de 200 años. Desde allí, entre descanso y festejo, regresa jubilosamente a la casa de su mantenedora en Medianía Baja mientras el pueblo sigue su celebración en calles y casas.

Esta breve descripción de las Fiestas deja fuera algunos detalles: las novenas, las cintas que la gente le enlaza al santo en el camino, los desvíos tomados por los devotos (pero no por los enmascarados) para cantos y rezos en la calle (después de Las Carreras y antes de llegar al árbol-mosaico), los cohetes que marcan el avance del santo y las banderas que se llevan a caballo desde el corcho a la carretera antes de que los santos regresen a sus casas, entre otros. En los distintos elementos “sagrados” coinciden o se sincretizan tradiciones cristiano-ibéricas y africanas, ya sean de origen yoruba (como especularon el arqueólogo Ricardo Alegría y otros), congo-bantú (más recientemente) y otras. El Santiago de los niños se presenta como el actor principal en este drama de sentidos religiosos imbricados y compenetrados.

Vejigante con máscara subida, 2023

Caballero, 2023

Por otro lado, el performance popular callejero que surge por dentro de esta estructura ditirámbica tiene otros héroes de igual, si no mayor, importancia. Cuatro personajes o performeres disfrazades y enmascarades proceden frente al santo en la ruta 187. El primero de ellos es el Caballero, que viste hermosamente con telas y cintas brillantes y lleva un sombrero con cascabeles y una máscara de tela metálica. El segundo es el dinámico Vejigante (o diablito burlador) que, con su despiadada máscara de cáscara de coco tallado, pintado y con cuernos, mameluco colorido y gesto agresor, reclama el enfoque visceral superior.

En interpretaciones tradicionales, los Caballeros representan a Santiago Apóstol y a los españoles derrotando a los “moros”, mientras los Vejigantes, como la cabeza debajo de las pezuñas del caballo en la iconografía de Santiaguito, representan a los vencidos.

Los otros dos personajes son la Loca, actuada por un hombre travestido —pero a veces también por una mujer— con una cara tiznada y el busto y trasero abultados, y el Viejo que se viste de sombrero, ropa vieja y rayada y una máscara rústica de cartón común. La Loca hostiga sexualmente a los asistentes, pero también limpia la calle con su escoba de penca de palma y con un recogedor hecho de lata de galletas. También se burla del Viejo, quien es el personaje más común y pobre. Cada cual trae un sentido de la realidad social cotidiana. Un quinto personaje —el “Muñeco de la Mula” o caballito atado a la cintura de un jinete— aparece de vez en cuando.

Loca con Caballero, 2023

Viejo, 2023

Una multitud de estos personajes, especialmente los Caballeros y Vejigantes, atraviesan la ruta 187 en números crecientes durante los tres días. El 27 y 28 de julio va con ellos el Carretón Alegre, un mini-museo de las Fiestas en ruedas de bicicleta que toca música grabada del Caribe y sirve como el punto de enlace entre los personajes festivos que corren frente al santo. El carretón es un invento de los últimos veinticinco años que coexiste con la banda municipal que va tocando música tradicional (mazurcas y danzas) en una carroza que va detrás del santo. Por otro lado, en la casa-tiendita-patio de la familia Ayala, bastión de la cultura musical afropuertorriqueña, se toca y baila bomba por lo menos en uno de los días cuando la procesión les pasa por el frente. También dos o tres tamboreros de bomba frecuentemente le dan la bienvenida a los santos y a la procesión cuando llega al fin de la ruta en Las Carreras

El carretón alegre, 2023

Bomba en las Carreras, 2023

En estas Fiestas no se separa lo sagrado de lo profano, la devoción del festejo, las cintas para los santos de los brincos y saltos de los personajes, la fe católica del ritual afro-criollo de los actos religiosos de los seculares. Sincretización o coincidencia, las inversiones sociales del carnaval europeo teorizadas por Mijaíl Bajtín o la liberación egungun (yoruba) de los ancestros a través de los placeres viscerales, las Fiestas de Loíza establecen una zona creativa en que se combina y transforma festejo y adoración en comunidad. Aunque temporero, representan un acto de limpieza social y purificación espiritual—el poder de continuar.

Sobre la variación dentro de la repetición ritual

Para mí, gran parte del atractivo de estas Fiestas siempre ha sido la variación dentro de la repetición ritual. Siempre lo mismo, siempre diferente; es como un lema que me atrae a las Fiestas año tras año desde julio de 1995, con la excepción del año de la pandemia de COVID-19 (2020). Asistí el 27 y 28 del 2021 y estuve presente para las tres procesiones del 2022 y para dos de ellas en el 2023. Siempre hay variaciones. Por ejemplo, cuando publiqué el libro Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos: Santiago Apóstol y los performeros afropuertorriqueños (San Juan: Terranova 2007), en las Fiestas solía haber una activa participación de jóvenes, muchos de ellos vestidos como Locas y con interpretaciones diversas de Viejos. 

Procesión, 2023

Sin embargo, a través de los últimos quince años la participación juvenil y la presencia de Locas y Viejos han disminuido radicalmente. Antes de la pandemia hubo un florecimiento impresionante de las figuras de los Vejigantes, con nuevos colores y estilos de máscaras de coco. Esta tendencia ha continuado.

En julio del 2022, Wilda Cruz y Teddy Vázquez, reconocides y exitoses artesanes de máscaras de Vejigantes, decidieron crear máscaras de tela o malla metálica (wire screen) y construir vestuarios de Caballeros para marchar en las procesiones. Mi lente fotográfico siguió su movimiento a través de la agrupación creciente de Vejigantes y Caballeros durante las tres millas entre la plaza del pueblo y su punto final en las Carreras. Sin embargo, Teddy y Wilda no fueron los únicos, formaban parte de una onda en que prevalecía el número de Caballeros sobre los Vejigantes, aunque ambos personajes aparecieron en múltiples y diversas versiones.

En el 2023, más mujeres jóvenes se vistieron como Vejigantes. Las encontré en grupos a través de la ruta. Es un aspecto renovador dentro de las Fiestas. La presencia femenina, vestida tanto de Caballeros como de Vejigantes, añade balance y estabilidad, y provee un nuevo elemento lúdico y juguetón de ironía y hasta de misterio. La mayoría de ellas compra sus máscaras, pero hay evidencia de que el número de mujeres que tallan y pintan máscaras de vejigantes también ha ido en aumento.

Mujer Vejigante, 2023

Caballeros, 2023

El número de Locas —el personaje tradicional travestido— ha bajado radicalmente en número. Solamente una Loca estaba presente en las procesiones de 2022. A la misma vez, no vi un solo Viejo, ni siquiera los pocos que se visten con máscaras comerciales de goma, a pesar de ver más Caballeros, más mujeres vestidas de Vejigantes, ambos con máscaras y vestuarios impresionantes. La falta de Locas y Viejos me parece tener implicaciones que requieren indagación particular.

¿Por qué ha disminuido el número de Locas y Viejos? Las Fiestas todavía no han recuperado su nivel pre-pandémico de energía y alegría. Por eso, tal vez, parecen más conservadoras y confinadas que en los años antes del impacto combinado de la Junta de Control Fiscal, el huracán María y la pandemia. Eso hace que los elementos tanto festivos como espirituales tiendan a juntarse alrededor de los polos más estables: por un lado, los santos como desfiles de rituales católicos, y por otro, los Caballeros y Vejigantes como los personajes mejor definidos y conocidos. Las fiestas se ponen más hermosas, pero me parecen que hace falta el elemento más transgresor que añada la participación de jóvenes adultos dispuestos a experimentar, a través de los personajes más flexibles y abiertos de Locas y Viejos, con múltiples interpretaciones sociales y culturales.

La tradición incorpora diversidad, irreverencia, gozo y burla, pero también fe, devoción y creencias espirituales profundas. Las Fiestas dependen de este intercambio y de la virazón o inversión cultural —lo de abajo arriba y lo de arriba abajo— para interrogar la autoridad del estado y la iglesia y para mantener vivo el sentido de ser loiceños autónomos y particulares. Porque a través de todo esto, festejar es un gesto de identidad ancestral, es una llamada a África y a generaciones de antepasados boricuas afro-criollos. Por eso, la tierra de la ruta 187 es sagrada y permite juntar en ella todos los elementos de las Fiestas.

Locas y Viejos fomentan la irreverencia, la inversión de la autoridad y la necesidad de burlarse de ella, de Caballeros y Vejigantes, de los santos y sus seguidores y de ellos mismos. Es una celebración de creencia comunitaria y no de la religión oficialista ni de la autoridad municipal o estatal. Según se ha dicho, en la leyenda, tras ser descubierto y llevado a la iglesia, el Santo original se escapó tres veces, caminando las tres millas de regreso a su hogar, no a una iglesia sino al árbol de corcho en donde fue finalmente encontrado. Como todos los elementos de las Fiestas, los Santos también pertenecen al pueblo de Loíza y a ningún otro lugar.

Santiaguito, 2023
Foto: Herminio Rodríguez

En Fiestas recientes, ha aumentado la separación entre los Caballeros, Vejigantes, Locas, Viejos y el Carretón Alegre (que van al frente) y las banderas y literas de los Santos y la banda municipal (que van atrás). Además, el municipio, la policía y la Iglesia —a veces acompañados de curas extranjeros— parecen andar guardando al santo, casi como si existieran dos procesiones en la misma ruta. La separación que ocurre en Las Carreras —los personajes “profanos” (Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos) por una ruta y los santos en sus literas llevadas por orantes y devotes de la adoración y fe católica profunda por otra— me parece natural y acertada. Todes finalmente se reúnen en el mosaico del árbol de corcho ecuménicamente para esperar la(s) bandera(s) de Santiago Apóstol —el regreso a los orígenes ya completo— y volver en el mismo desfile a la ruta 187. 

Santiago de las Mujeres frente al Mosaico, 2023

La cercanía de todos los elementos a través de la ruta permite que las procesiones logren crear un ambiente diverso y variado, lleno de alegría y energía visceral y espiritual. Además, la tensión del encuentro ancestral, a veces irreverente y burlona y otras veces solemne y trascendental, entre espíritus precristianos y cristianos, (tal vez) moros y españoles, raíces africanas y tradiciones europeas y católicas facilita una posible comunicación transformadora entre la sabiduría del pasado y las condiciones sociales actuales. Los Caballeros y Vejigantes son brillantes, pero también hace falta la presencia de las Locas y los Viejos.

Extensiones

En la exposición de arte de la Cumbre Afro (UPR-RP) en el museo del Arsenal de marzo de 2022, el artista loiceño Juan Pablo Vizcaíno montó una instalación compuesta de tres grandes cruces negras vestidas con telas del mismo color y encabezadas por máscaras de cáscara de coco de Vejigantes (las Fiestas de Santiago Apóstol), también pintadas de negro. ¿Qué se representaba? ¿El calvario de los Vejigantes, del pueblo loiceño, de la afrodescendencia, o tal vez, de Puerto Rico como nación y cultura particular?

Juan Pablo Vizcaíno
Esqueleto de Vejigante, 2022

Se puede contar la historia de Puerto Rico a través de la historia de Loíza —conquista, oro, genocidio, esclavitud, caña, nuevas inmigraciones europeas y esclavizadas, aislamiento cultural, emancipación, invasión americana, dependencia política y económica y burocracia colonial criolla hasta el presente. Todo lo que hace que la bandera negra y blanca pos-María represente mejor al Puerto Rico actual que la oficial de rojo, azul cielo y blanco. La negritud y el color negro no son nociones isométricas. No obstante, los Vejigantes esqueléticos negros de Vizcaíno capturan ambas. También nos recuerda que la afropuertorriqueñidad nunca pierde importancia ni deja de ser el elemento cultural más constante, inconvertible e interesante del país o, como José Luis González señaló en El país de cuatro pisos [Río Piedras: Ediciones Huracán, 1980] es el primer piso, la piedra angular en que todos los demás se apoyan aun cuando nos intentan disfrazarlo. En vez de ser copia colonial —española, latina o norteamericana— es más original como una re-imaginación, una re-invención cultural.

Menciono la instalación de Vizcaíno de hace dos años porque nos lleva desde el Arsenal en el Viejo San Juan a Loíza y a las Fiestas de Santiago Apóstol, como evento céntrico dentro de la historia cultural puertorriqueña. Nos ayuda también a entender los placeres de la constelación de actividades que han desfilado alrededor de las igualmente iluminadas Fiestas de 2023. 

¿De qué hablo? Los mejores ejemplos son: primero, el estreno del filme documental Santiago de las Mujeres (2023) dirigido por Rosamary Berríos. Es una cautivante mirada desde dentro de vidas loiceñas, mostrando su hermosura, su fe y esperanza, a través de su relación con la imagen del Santiago de las mujeres. Segundo:  la exposición “Bombas y lienzos” curada por la Dra. Maricruz Rivera Clemente en la Casa Afro de Piñones, una galería-espacio taller de solamente tres años de existencia que forma parte del Corredor Afro y tiene en sala una exposición de artistas locales desde el 24 de junio del 2023. 

¿Por qué ha disminuido el número de Locas y Viejos? Las Fiestas todavía no han recuperado su nivel pre-pandémico de energía y alegría. Por eso, tal vez, parecen más conservadoras y confinadas que en los años antes del impacto combinado de la Junta de Control Fiscal, el huracán María y la pandemia.

Tercero, el Grupo de Trabajo sobre Cultura Visual y la Esclavitud de la Universidad de Chicago, dirigida por la Dra. Agnes Lugo-Ortiz, celebró su tercer coloquio internacional en Puerto Rico para corresponder con las Fiestas de Santiago Apóstol. Entre otras conferencias incluyó una discusión sobre el proyecto “Tiznando el país” de la Dra. María Elba Torres de la UPR-RP y conversaciones con jóvenes artistas afrodescendientes. Continuó el 26 de julio en la Casa de los Contrafuertes en el Viejo San Juan en donde, además de charlas sobre Loíza y las Fiestas de Santiago Apóstol, hubo una proyección del documental Santiago de las Mujeres y actos-instalaciones de performance de las artistas Helen Ceballos y Awilda Sterling. El 27 de julio el coloquio tuvo encuentros con los experimentados artistas loiceños Daniel Lind-Ramos (en el Museo de Arte Contemporáneo), Samuel Lind en su galería-taller en Loíza y Juan Pablo Vizcaíno en el Ancón de Loíza. Por la tarde, les participantes se quedaron en Loíza para experimentar en persona la procesión del Santiago de las mujeres. 

Cuarto, la exposición-programa de talleres “Antesala Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza”, que organizó el colectivo Máscaras de Puerto Rico, y que estuvo abierta al público desde el 8 al 31 de julio del 2023 en la Escuela Taller de Artesanía en los Outlets de Canóvanas. A través de talleres de máscaras de Vejigantes, Caballeros y Viejos, de turbantes y de bomba y la amplia exhibición de vestuarios y máscaras de Loíza y de Ponce, un público general tuvo acceso directo al arte popular loiceño.

Las Fiestas mismas son la pieza angular de la cultura y las artes afro-puertorriqueñas. En 2023 también mostraron una mayor reintegración de jinetes a caballos como parte de las procesiones, la presencia de Viejos y Locas (aunque todavía reducida), una fuerte representación de Vejigantes ponceños, zanqueros de Agua, Sol y Sereno y una comparsa de Taller Salud y dos máscaras de Gorilas que se acercaban a la procesión tímidamente, pero que desaparecieron entre la muchedumbre.

Niño Vejigante, 2023

Además, para mí, hubo un descubrimiento especial: el itinerario del viejo Ancón en el pueblo de Loíza durante las Fiestas. Me refiero especialmente al desfile de alrededor de 60 niñes, jóvenes (y también adultes) Vejigantes (y algunos Caballeros) con Santiaguito la mañana del 28 de julio. Esta erupción de máscaras, producto de talleres con niños y jóvenes de Piñones y Loíza dirigidos por Juan Pablo Vizcaíno, fue el punto más espectacular de las Fiestas de 2023. 

*Lowell Fiet es catedrático jubilado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Todas las fotografías en este ensayo son obra del autor, a menos de que se indique lo contrario. 

1 thought on “Miradas a las Fiestas de Santiago Apóstol: Continuidades y variaciones”

  1. Im happy to have run into this article/ historic chronology while researching additional info about the Ayala family. I have owned a mask made before Hugo, giant coconut Vejigante mask that had been in storage in a mall shop and was used as a display only, but was able to purchase it from the manager around 1992-94
    I believe. I had contacted the Ayalas before and was told sadly there were no masks because of Hugo knocking out the palms and giant coconuts common to the area and ruining what little stock material was available . I appreciate this article bringing all the historical and cultural aspects of This festival together. My other prized piece is an original Juan Alindato GArcia mask from Ponce I bought from him that he had as a sample in his home and used as a sample at Bacardi fest in 1994. I made a trip from Georgia just to find him and that’s why he let me have it.
    He called it his mistake mask because he let a paint dribble get away. One of a kind too.

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