Olor a Metal, sabor a Tierra (trabajo en proceso)
Lydia Platón Lázaro
Karen Langevin
Eva Rodríguez Langevin
Fotograma de “Metal”, del proyecto Olor a Metal, sabor a Tierra
La piedra sobre la que vivo
Este pedazo de tierra
que compré
a precio de rebaja
es roca ígnea,
volcánica
Tomo sus piedras
y pienso:
Esto fue lava
Estuvo tan caliente
Que de tenerla a esta distancia
Me hubiera muerto.
Fue lumbre. Lugar
En que nunca viviría
Y mira a lo que hemos llegado.
Mara Pastor, Las horas extra, 2022
En diciembre de 2016 Karen Langevin presentó su espectáculo Augur sobre el tiempo, la presencia y el presagio. En esa ocasión me pidió que escribiera las palabras del programa de mano. Las releí para este diálogo sobre su trabajo actual y me topo con que hablábamos en aquel momento de las “fatídicas elecciones” ganadas por Donald Trump en los Estados Unidos. Ahora, en este noviembre del 2024 desde donde escribo, acaba de suceder lo mismo y, como el río de Heráclito, ni Karen ni yo somos las mismas, ni el clima, ni el presagio: ahora todo parece peor. Nuestros deseos y motivaciones en cuanto al trabajo, el arte y la vida, inevitablemente han cambiado, y así el deseo de nuestros decires de danza y política. Casa y causa se van agudizando en sentimientos encontrados de duelos y transformaciones, como dice la poeta Mara Pastor en el epígrafe “Y mira a lo que hemos llegado.” En esta ocasión, el desafío que nos presenta la obra más reciente de Karen es imaginar el tema de la extracción como símbolo ancestral de esa madre tierra agotada de recursos y a la mujer creadora extrayéndose de su maternidad y buscando otras temporalidades en su trabajo, mientras reflexiona sobre las relaciones entre ambas (extracción y maternidad). Estos conceptos cobran vida en intervenciones dancísticas filmadas en diversas localidades, entre ellas, una mina abandonada, que le sirve a Langevin de metáfora de un subsuelo violentamente desposeído y vaciado de recursos.
Karen Langevin es una bailarina-coreógrafa que ha hecho de la improvisación su signo de movimiento. Casi siempre sola, aunque a veces acompañada, compone conceptos para muestras basadas en investigaciones profundas que se materializan mediante una rigurosa práctica en su estudio. Formada como antropóloga y bailarina, ha participado en el universo de la danza contemporánea en Nueva York y Puerto Rico, además de explorar diferentes latitudes geográficas con el fin de estudiar naturalezas en proceso de extinción. No quiero sonar dramática, pues estas exploraciones las trabaja con humor y amor, aunque centrada en la certeza de la estupidez humana y de que la distancia absoluta en la cual vivimos respecto a nuestros sentires somáticos nos ha llevado a una situación como la que estamos viviendo: con un futuro incierto marcado por cambios drásticos en el clima y la economía, así como en nuestro sentido de pertenencia. Estas inquietudes la han llevado, por ejemplo, a avanzar una exploración en torno a los elefantes en África (elaborada en la obra Cuero duro, de 2023), y, más recientemente, a Portugal, en compañía de su hija, la joven artista visual Eva Rodríguez Langevin (quien ha trabajado en danza y teatro paralelamente a su formación en arte).
No estamos bajo el paradigma de un futuro con certezas, sino todo lo contrario: luego de haberle comido las entrañas a la tierra, a la madre, ésta tendrá que renacer de otros modos inciertos. Este es el terror desde el cual bailamos la contemporaneidad … .
En estos nuevos proyectos de Langevin y Rodríguez Langevin la relación expresa entre danza y política ha adquirido dimensiones particulares. África y Portugal les han servido a las artistas para establecer un sistema de vasos comunicantes en torno a la historia humana: mamá África, por un lado (lugar en donde también Karen vivió algunos años) y el mito de la navegación para conquistar y extraer riquezas coloniales (madrastra Portugal), por el otro. De lo extraído, transportado y negado en estas maternidades ancestrales surge mi reflexión sobre danza, historia y deseo, danza y decir político con el cuerpo y, más que todo, sobre los lazos de afecto que se tienden como puentes seguros entre estas dos mujeres creadoras en tiempos de a ciegas.
El enunciado de la maternidad ubicado en el centro de la tierra con relación a la mina, en tanto espacio físico y metafórico en los trabajos de Karen y Eva, es a su vez minado, por así decirlo, a través de la investigación conjunta de madre e hija en vídeos realizados como parte del proyecto Olor a Metal, sabor a Tierra. Estos vídeos recogen el trabajo en proceso que se está gestando como fruto de una residencia artística en el programa Buinho en Messejana, Portugal. Aquí comentaré brevemente cuatro vídeos que ya han sido editados y que fueron mostrados por primera vez en Puerto Rico en el espacio cultural El Lobi en octubre del 2024: Metal, Insólidas, Tectónicas. En ellos se trabajó con los temas de extracción de la tierra como pie forzado, dejándose llevar por las provocaciones de la investigación sobre los metales, la colonialidad y el binomio madre-hija. La maternidad des-concretizada en movimiento abstracto se ve en esta exploración geo-estética, como metáfora y modo de conexión con el presente.
Como en trabajos anteriores de Langevin y Rodríguez Langevin, en esta obra la improvisación es el vehículo de la experimentación, produciendo una fuga de lo fijo en la exploración corporal con la cámara de testigo. Con estos movimientos se hacen visibles las posiciones de poder y las ideologías con las que se quiere dialogar: el lugar del cuerpo respecto al imperialismo y su obsesión extractiva, el cuerpo como territorio a ser colonizado y, específicamente las violencias impuestas sobre los cuerpos de las mujeres en las lógicas de la extracción. La coreografía cede su autoridad a un campo sensible de movimiento, que rechaza la precisión predeterminada, para convertirse en movimiento informado por la investigación y el paisaje, concediéndole soberanía al cuerpo. Extracción y maternidad intervenidas por el capitalismo y el colonialismo —en tanto fuerzas motoras del deterioro y destrucción del planeta y codificadas en la metáfora de la mina— se prestan en estas obras para que el eterno presente de la improvisación haga que las ideas resuenen en las cavernas huecas debajo de los pies. No estamos bajo el paradigma de un futuro con certezas, sino todo lo contrario: luego de haberle comido las entrañas a la tierra, a la madre, ésta tendrá que renacer de otros modos inciertos. Este es el terror desde el cual bailamos la contemporaneidad, la prisa del capital devorador, exponencialmente expuesto en los desastres humanos y climatológicos recientes, y por supuesto, en la orfandad extrema de madres e hijes en tiempos de genocidio.
Fotograma de “Metal”. Olor a Metal, sabor a Tierra
En el vídeo Metal se nos presentan improvisaciones filmadas desde una distancia, donde no hay planos de acercamientos sobre las ejecutantes, Karen y Eva. Paisaje y cuerpos en movimiento son parte de lo mismo. Filman en los terrenos de la ruina de la mina de São Domingo en Mertola, Portugal, de donde se extrajo oro, plata, cobre y finalmente, pirito como fuente de azufre. Las artistas en su proceso activan las teorías del metabolismo social de Karl Marx, para entender la relación entre la huella humana en la naturaleza y las formas de producción del capitalismo. Por “metabolismo social” se entienden los procesos mediante los cuales los grupos humanos, en su ciclo con la naturaleza, comienzan extrayendo recursos y culminan produciendo deshechos, similar al concepto de metabolismo en la biología. La extracción masiva finalmente causó la contaminación total de la zona, por las enormes cantidades de agua necesarias para la operación, y ya en 1966, agotada la mina, la región cae en pobreza extrema: habitantes y tierra desahuciados.
Metal
África y Portugal les han servido a las artistas para establecer un sistema de vasos comunicantes en torno a la historia humana: mamá África, por un lado (lugar en donde también Karen vivió algunos años) y el mito de la navegación para conquistar y extraer riquezas coloniales (madrastra Portugal), por el otro.
Otra provocación de este trabajo sobre la extracción es la noción de lo insólido, la pregunta sobre el hueco. La frase “Todo lo que es sólido se desvanece en el aire” se refiere también a los enunciados de Marx y Engels a mediados del Siglo XIX sobre el cambio y el flujo, sobre la incapacidad de la recuperación ante las presiones de la constante producción, y a la permutación o disolución acelerada de los valores. Se preguntan las movedoras Karen y Eva sobre la relación moderna entre destrucción y belleza. En el vídeo Insólidas ambas bailan en un plano horizontal contra la puerta de metal de la cancha del pueblito de su residencia, cada una haciendo solos. El sonido que acompaña el vídeo es el que se produce en vivo con los cuerpos chocando con el metal de la puerta. La invitación es, pues, por una parte, a mover la mirada de le espectadore a un espacio de producción ambiguo (la gran puerta de metal, que también puede hacer referencia a la fábrica o a un almacén de bienes, a la acumulación) y, por otro lado, a seguir explorando la maternidad moderna como algo desarraigado, extraído de sus paradigmas de afecto y cuido, dejando en evidencia el fino balance entre la experiencia de la suavidad y la insólita irrupción de un aislamiento terrible.
Insólidas
En Tectónicas, el vídeo manifiesta la experiencia lúdica primaria de esta relación madre-hija. Es un dueto consciente movido por la escucha más profunda de las placas tectónicas, por la atención al subsuelo. Se trata de imaginar esta tierra de tantas capas debajo de nuestros pies, de pensar a Puerto Rico desde su nacimiento volcánico, del cual siempre nos enseñaron, pero que tanto cuesta visualizar. Tierra nacida de entrañas terrestres y oceánicas. Con la técnica de pantalla dividida (al igual que en Insólidas), en este vídeo se ven en la mitad izquierda a las movedoras y a la derecha un vídeo de las placas tectónicas en animación. Es una experiencia gozosa aun dentro de la pesadumbre de la extracción, porque el arte es fuga y también puede ser felicidad, sostén para habitar por sobre los espectros de la modernidad metálica y mineral.
Tectónicas
Extracción y maternidad intervenidas por el capitalismo y el colonialismo —en tanto fuerzas motoras del deterioro y destrucción del planeta y codificadas en la metáfora de la mina— se prestan en estas obras para que el eterno presente de la improvisación haga que las ideas resuenen en las cavernas huecas debajo de los pies.
A modo de cierre circular de las distancias implicadas entre los cuerpos sacrificados a la mina y la memoria colonial en nuestra realidad isleña, concluyo con una memoria literaria de Sur África, en donde Langevin hizo una residencia para el proyecto Cuero duro. La obra Once Upon a Time (1991), de la surafricana Nadine Gordimer, comienza con la narración de la escritora ante el desafío de una comisión de escribir un cuento infantil, para ella imposible. En la perversa relación entre colonos y colonizados, oprimidos y opresores en el movimiento anti-apartheid de la Sur África en el siglo XX, en este texto la metáfora de la mina resuena como aniquiladora de la maternidad: el cuento infantil termina en tragedia por la obsesión de los colonos de separarse de los colonizados, hasta causar la muerte de un niño. Al principio, la voz del cuento narra el sonido de su casa:
The house that surrounds me while I sleep is built on undermined ground; far beneath my bed, the floor, the house’s foundations, the stopes and passages of gold mines have hollowed the rock, and when some face trembles, detaches and falls, three thousand feet below, the whole house shifts slightly, bringing uneasy strain to the balance and counterbalance of brick, cement, wood, and glass that hold it as a structure around me. (21-30)
Langevin y Rodríguez Langevin, madre e hija, ponen de relieve la constante tensión que existe en el concepto moderno del cual somos herederes, hacer la casa temblar sobre esta fundación de extracción. Conscientes de que el movimiento improvisado abstrae y compone a la vez, de que al producir fílmicos se juega siempre una relación compleja entre observadores y observados, y también tentadas por el placer de re-maternarse mediante el juego del arte entre la madre y la hija adulta, Olor a Metal, sabor a Tierra es también, con su fuerza creativa, un tejido histórico-material de “a lo que hemos llegado”.
Referencias
Gordimer, Nadine. Jump and Other Stories. Penguin Group, 1991.
Pastor, Mara. Las horas extra. La Impresora, 2022.
Fichas vidoegráficas de Olor a METAL, Sabor a TIERRA
Trabajo en proceso de karen langevin y Eva Rodríguez Langevin. Agradecemos a Buinho Creative Hub y al municipio de Messejana por las facilidades. Todos los videos fueron grabados durante una residencia artística en Buinho Creative Hub, Messejana, Portugal.
TECTÓNICAS (2:54 min)
cámara – Eva Rodríguez Langevin
edición – Eva Rodríguez Langevin y karen langevin
animación – Scotese, C.R., 2020. Plate Tectonics, Paleogeography & Ice Ages (dual hemisphere/northern bias/v1), PALEOMAP Project, Evanston, IL, You tube
INSÓLIDAS (6:39 min)
cámara – Eva Rodríguez Langevin
edición – Eva Rodríguez Langevin y karen langevin
METAL (10:17 min)
cámara – Eva Rodríguez Langevin
edición – Eva Rodríguez Langevin y karen langevin
Ruinas de minas de São Domingo en Mértola, Portugal.
*Lydia, “Puchi”, Platón Lázaro enseña, escribe, colabora y participa del Taller Comunidad la Goyco en asuntos de desarrollo, programación y educación.
*karen langevin osorio es una artista multi e interdisciplinaria con un enfoque en el cuerpo y sus naturalezas. Es maestra certificada de la técnica Alexander, madre de dos y vive en San Juan de Puerto Rico.
*Eva Rodríguez Langevin es una artista multidisciplinaria y curadora con enfoque en la escultura, la instalación y el performance.
