Plan B: una evolución preocupante

Rafael Bernabe*

 Rafael Rivera Rosa, “Paisaje interior II”, 1980. eMuseum.

En un ensayo previo, señalamos que favorecemos cualquier gestión que pueda adelantar la independencia de Puerto Rico. Por eso aplaudimos la elaboración de un borrador de reconocimiento de la independencia por orden ejecutiva y el debate que ha generado [1]. Esta propuesta, bautizada por sus autores como Plan B, consta de tres aspectos fundamentales: 1) el argumento jurídico de que el presidente de Estados Unidos puede reconocer la independencia de Puerto Rico por orden ejecutiva, es decir, sin intervención del Congreso federal; 2) la propuesta de que se haga campaña para solicitar al presidente Trump que ejerza ese poder; y 3) una propuesta de transferencia de $720 mil millones en fondos federales durante los primeros veinte años posteriores a la independencia ($36 mil millones anuales) que ayudarían a reconstruir la economía colonial. 

La novedad de la propuesta reside en los primeros dos puntos y en la cifra precisa del tercero. La idea general no es nueva. Entre 2012 y 2019, el Partido del Pueblo Trabajador y el autor como su portavoz, planteamos que la actual relación colonial no conviene al pueblo de Puerto Rico que sufre sus consecuencias directamente (pobreza, desempleo, fuga de ganancias, etc.) Tampoco conviene al pueblo trabajador de Estados Unidos, parte de cuyos fondos se destinan a mitigar las consecuencias de una economía colonial disfuncional. Tan solo conviene a los intereses de las grandes multinacionales que operan en la isla. Por tanto, planteamos que conviene al pueblo de Puerto Rico y de Estados Unidos que el primero pueda desarrollar una economía propia, capaz de satisfacer sus necesidades.

Sin embargo, a la vez que aplaudimos la elaboración del llamado Plan B, también adelantamos una advertencia. En pocas palabras: sería un error pensar que dicha iniciativa puede sustituir lo que debe ser el eje de nuestra lucha por la independencia. Ese eje es y debe ser la organización del pueblo trabajador, las comunidades, estudiantes y sectores oprimidos para la defensa de sus intereses. Es una tarea que, por complicada que sea, no puede evadirse. Gestiones como el borrador de orden ejecutiva pueden adelantar la discusión de la independencia o, quizás, la independencia misma, pero únicamente esa organización puede lograr la independencia a que aspiramos o debemos aspirar: un Puerto Rico comprometido con la igualdad, la participación democrática y la reconciliación con la naturaleza. En ausencia de fuerzas políticas que defienden ese programa, lo que podemos esperar es la continuación de las formas de dominación, desigualdad, explotación y destrucción ambiental existentes.

A menudo se plantea que lo importante es lograr la independencia, luego veremos qué independencia construimos. El problema es que crear las organizaciones sociales y políticas que pueden asegurar esa independencia que queremos es un proceso arduo. No pueden construirse de un día para otro. El momento de construirlas es ahora. Dejarlo para después es permitir que nos impongan lo que no queremos, bajo cualquier estatus, incluyendo la independencia.

Una cosa es plantear al gobierno de Estados Unidos una transición a la independencia que pueda ser de beneficio mutuo, otra muy distinta es comprometer esa transición con los lineamientos de la política interna y externa de Donald Trump.

En aquel escrito planteamos la siguiente alternativa: ¿se orientará la independencia a crear un país igualitario, solidario y ecológico, con un amplio sector público bajo control obrero y ciudadano, sólidas garantías laborales y sociales, planificación democrática y ecológica del uso de sus recursos? O, al contrario, ¿se mantendrán la ganancia privada como eje de las decisiones económicas, la precariedad laboral como supuesta garantía de eficiencia, la inseguridad social a nombre de la “responsabilidad individual”, las concesiones contributivas al gran capital para lograr la inversión, con acuerdo a los modelos neoliberales dominantes? Y advertimos: si no nos organizamos ahora para lograr lo primero, se impondrá lo segundo.  

En resumen, en aquel artículo advertimos que el peligro que debíamos evitar es pensar que la iniciativa de orden ejecutiva puede sustituir la tarea de organización que hemos señalado o que facilite evadirla al pensarse que no es prioritaria.

Estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas en Resistencia.
Mural en el Viejo San Juan, Mete mano, boricua, esta lucha es por ti.
Circa 2018; Foto: James Trumm.

Es a la luz de este análisis que debemos señalar nuestra preocupación con algunas de las expresiones recientes de al menos uno de los autores del borrador, el compañero Javier Hernández. En un mensaje en la plataforma X, Hernández escribe al presidente Trump: “deseo atraer su atención a un borrador pro-soberanía que está alineado con la agenda América Primero”. Y añade que la orden ejecutiva propuesta convertiría a Puerto Rico, de una “carga corrupta y costosa”, en un “aliado independiente y un socio estratégico” de Estados Unidos. En otro mensaje, se incluye como una de las “condiciones clave” de la propuesta el dato de que Puerto Rico tomaría “control total de su futuro como aliado y socio estratégico de EE. UU. en el Caribe”. 

En otros mensajes, dirigidos a Elon Musk y al liderato trumpista (Stephen Miller, Marjorie Taylor Greene, etc.), se asocia la propuesta de orden ejecutiva a la política de reducción de gasto público de Trump y Musk y se indica que quienes se opondrán al Plan B son los liberales y los RINOs (Republicans in Name Only, es decir los que se proclaman republicanos, pero no lo son). 

Esto plantea varias preguntas. Ahora que Trump acentúa el carácter más burdamente imperialista de su política en el Caribe (caso del Canal de Panamá, por ejemplo) y América Latina (México, Brasil, por ejemplo) ¿vamos a promover la independencia ofreciendo ser un “aliado y socio estratégico de Estados Unidos en el Caribe”? Sería vaciar la independencia de todo contenido antiimperialista. De igual forma, ahora que la política de Trump pretende desmantelar lo que queda de gasto público social y del estado de bienestar a costa de las grandes mayorías (incluyendo la mayor parte de nuestra diáspora), ¿vamos a asociar la independencia a esos recortes, que son parte de la agenda ultra-neoliberal? ¿Qué tipo de política prepara y augura esto para una futura república puertorriqueña? Suponemos que los autores y autoras de la propuesta y quienes la apoyan no simpatizan ni con el imperialismo de Estados Unidos ni con las políticas internas del gobierno de Trump, tampoco con la idea de que las presentemos como benignas y dignas de apoyo a nuestro pueblo. Pero entonces habría que objetar esta forma en que se ha presentado y promovido la propuesta de orden ejecutiva. Una cosa es plantear al gobierno de Estados Unidos una transición a la independencia que pueda ser de beneficio mutuo, otra muy distinta es comprometer esa transición con los lineamientos de la política interna y externa de Donald Trump.

Pero cabe destacar el problema de fondo: como señalamos, la organización del pueblo trabajador (en su sentido más amplio, incluyendo todas las luchas por la justicia social y el ambiente) tiene que ser el eje de la lucha por la independencia. Y ahí está el problema: si se abandona la perspectiva de lograr la independencia a través de la organización del pueblo, se cae en la necesidad de encontrar otras fuerzas que puedan realizarla y entonces se abre el peligro de que esas fuerzas nada tengan que ver, incluso sean opuestas, a los intereses del pueblo. Esa es la trampa en que han caído, o están en peligro de caer, quienes están pasando de intentar avanzar la independencia a través de innovadoras propuestas al gobierno federal a la vez que construimos la organización de nuestro pueblo, a sustituir esa organización con la iniciativa de la presidencia de Trump, a cuyas políticas habría que adaptarse.

Garvin Sierra, Solo el pueblo salva al pueblo (2022)
Whitney Museum of American Art, New York;
comprado con fondos del Print Purchase Fund.

En resumen: hay aquí dos orientaciones encontradas. Una deja de lado la organización del pueblo trabajador como eje de la lucha por la independencia y la sustituye con la búsqueda de apoyo por la administración Trump, lo cual corre el peligro de adaptarse cada vez más a su agenda anti-obrera e imperialista, con tal de lograr ese apoyo (con la idea de que apoyará la independencia si se la hacemos suficientemente atractiva). Es la ruta que ya sugieren las preocupantes expresiones en defensa del borrador de orden ejecutiva que citamos anteriormente (asociándola a los intereses estratégicos de Estados Unidos y a las políticas de recortes de Trump y Musk). La otra perspectiva no descarta iniciativas como la elaboración de propuestas de transición a la independencia, pero se sigue centrando en la organización del pueblo para la defensa de sus intereses, lo cual implica denunciar y combatir las políticas de Trump dentro y fuera de Estados Unidos. En ese caso, sin excluir iniciativas dirigidas al gobierno federal, sus aliados serán, no la derecha trumpista, sino los que dentro y fuera de Estados Unidos luchan y resisten contra la agenda de Trump, a los cuales también debemos proponer procesos de transición a la independencia de mutua conveniencia. Insistimos que la segunda debe ser nuestra orientación.

Nota

[1] Ver de Rafael Bernabe, “El debate sobre la ‘orden ejecutiva'”, El Nuevo Día, 14 de marzo del 2025; incluido en el dossier Debate en torno a una independencia por decreto presidencial del presente número de Categoría Cinco.

* Rafael Bernabe es profesor y exsenador por el Movimiento Victoria Ciudadana.

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