Mujer de gasa I
serie Flores para Sylvia
Gasa y tela sobre fieltro
2023
Las dos blancas azucenas
serie Flores para Sylvia
Acrílico, gasa y tela sobre fieltro
2023
Mujer de gasa II
serie Flores para Sylvia
Gasa y tela sobre fieltro
2023
De damascos y gasas…las flores de Gaza
Instalación Multimedia
Obras: Antonio Martorell
Música/Vídeo: Roy Brown
Textos: Antonio Martorell, Roy Brown y Agnes Lugo-Ortiz
Concepto y curaduría: Agnes Lugo-Ortiz
Esta canción se la debo a Antonio Martorell y se la dedico a Rebecca Noriega y Javi Viqueira, quienes me invitaron, junto a la familia Viqueira y Keller, a una visita al Taller La Playa, Ponce, que, a su vez, es la casa de Toño Martorell. Durante el recorrido, Toño nos relató sus historias hechas arte, una traducción a lo visual de lo que ve, sueña y quiere ver y no puede ver. Así pues, nos mostró su dolor ante la suerte del pueblo palestino que padece el genocidio, la desaparición, la muerte total. Ya no existirá cementerio para visitar. Si quedara algo, será la memoria del “ra ta tá”… Nos mostró la Flor de Gaza. Esta canción es un mandato; es una emoción gigante porque Gaza es el mundo, es la suerte de una humanidad; un mundo sin flores. ¡Un desierto! Pero llueve y sobrevivirá la flor de Gaza. La esperanza queda, aunque duela en lo más profundo.
Roy Brown
La flor de Gaza
Letra y música: Roy Brown*
La flor de Gaza está sangrada
ya no sirve para vendaje
ni para aliviar el alma
porque la queman y prohíben
vive clausurada la flor en Gaza
la flor de Gaza.
Roja escarlata, la flor de Gaza
asomada entre los escombros
sus hojas verdes plantan bandera
aunque la quemen y prohíban
y viva clausurada la flor en Gaza
flor de esperanza.
Ojos avaros acechando
mentes malditas conspirando
monstruos metálicos matando
¡misericordia…oh…misericordia,
misericordia, misericordia!
Hace siglos la flor de Gaza
sufre la pisada invasora
pero llovizna, nace y renace,
nace y renace como la esperanza,
nace y renace, la flor de Gaza.
De damascos y gasas…las flores de Gaza
Antonio Martorell
De la serie Damascos y gasas
I: Las mil y una noches; II: Los cosieron a tiros; III: Descansa en paz
Acrílico, crayón, patrones Simplicity, gasa,
aerosol y tela sobre fieltro
2024
…la matanza indiscriminada en Gaza, en donde los niños han sido de las mayores víctimas. Utilizando patrones de costura Simplicity como los que usaba mi madre para coser la ropa de sus hijos, desarrollamos el tríptico De damascos y gasas, eco desgarrado del genocidio. Con telas llamadas damascos, por originarse en esa ciudad siria , y gasas, por ser el tejido para vendajes que vienen del territorio de Gaza, hemos elaborado este testimonio al dolor en tres tiempos: Las mil y una noches, Los cosieron a tiros y Descansa en paz, que en inglés tiene más sentido: Rest in pieces.
El llamado territorio o franja de Gaza, donde se originó el blanco tejido semitransparente utilizado para vendar heridas, sufre crecientes mutilaciones ejecutadas por su inclemente vecino, el estado de Israel.
Este territorio al que se le sigue negando el derecho a ser país, sitiado y disminuido, convertido en gueto privado de elementales derechos humanos, es una herida abierta ante los ojos del mundo que comienzan a abrirse al exterminio por tanto tiempo negado.
Demasiado tarde. Ya las vendas son insuficientes, si las hubiera. También las tumbas lo son, sustituidas ahora por fosas comunes alrededor de las cuales se mecen, tomados de la mano, dolientes y callados los deudos que aguardan su turno de unírseles envueltos también ellos en blanco sudario, último abrazo textil, ya no de gasa, sino de plástico. Arriba, en la tierra que pronto cubrirá sus restos, apenas queda piedra sobre piedra.
Damascos y gasas I
Las mil y una noches — Detalles
Acrílico, crayón, patrones Simplicity, gasa,
aerosol y tela sobre fieltro
2024
El reino de las mil y una noches, el mítico paisaje que sobrevolaban las alfombras mágicas de nuestra infancia portando genios escapados de lámparas maravillosas, el mediterráneo mar que surcó Sinbad el marino, hoy llueve misiles mortales sobre tapices tornados afelpadas cortinas apenas cubriendo, cual coloridos párpados, los ojos ciegos de edificios en ruina y árboles desnudos.
Damascos y gasas I
Las mil y una noches — Detalles
Acrílico, crayón, patrones Simplicity, gasa,
aerosol y tela sobre fieltro
2024
El telenoticiero, con pretendido pudor o avieso encubrimiento, borra los rostros de víctimas infantiles, pero es incapaz de desenfocar el desesperado gesto de pequeños pies y manos buscando agarrarse a la vida que se escapa. En ocasiones, un aullido de dolor interrumpe la forzada neutralidad del reportaje. Corte a la toma aérea del dron, las diminutas siluetas entre los renegridos escombros, el polvo gris que todo lo sepulta.
Damascos y gasas II
Detalle de Los cosieron a tiros — Detalles
Acrílico, crayón, patrones Simplicity, gasa,
aerosol y tela sobre fieltro
2024
Nosotros, apoltronados telespectadores del desamparo y el hambre, la enfermedad y la muerte, nos movemos incómodos tentados a cambiar de canal o apagar el televisor. ¿Qué hacer ante las tibias medidas de organizaciones y tribunales de justicia internacional, el apoyo a la matanza de civiles apenas condicionado por las potencias del mundo occidental, la consistente oposición de los Estados Unidos a la orden del cese al fuego en las Naciones Unidas?
Lo menos que podemos es hacernos eco del lamento del pueblo palestino y reclamar justicia para esta nación expulsada de su hogar y condenada a muerte una vez más. Seamos solidarios con su dolor y acusemos a quienes se lo infligen.
Damascos y gasas III
Descansa en paz — Detalles
Acrílico, crayón, patrones Simplicity, gasa,
aerosol y tela sobre fieltro
2024
Las flores de gasa
Agnes Lugo-Ortiz
¿Qué buscas aquí mariposa?
¿Qué buscas tú,
si ya en este huerto no hay rosas,
solo hay quietud.
Sylvia Rexach, “Yo era una flor”
El sufrimiento solidario con el pueblo palestino se traduce en la obra de Antonio Martorell en materia artística viviente. Jugando con la homofonía gasa/Gaza, Martorell ha elaborado todo un jardín/guirnalda compuesto de flores hechas con un tejido trágicamente evocador: aquel del que se ha carecido desde hace meses en Gaza para sanar a los heridos de la guerra genocida. A falta de vendajes, es como si la única gasa disponible en el territorio fuera la que corresponde a otra acepción de la palabra: el “paño negro con que se rodea el sombrero en señal de luto” (según lo consigna la RAE). Esta sí que es divisa invisible y omnipresente en la destrozada franja de Gaza.
Las flores de gasa cultivadas por Martorell (con acrílico, fieltro, pastel y, en lo más punzante de sus materiales, con carbón) remiten a ese luto, a la tesitura y tactilidad de una agonía, a la sensorialidad de la pérdida. Tejido amortajante (según se materializa de manera explícita en Mujer de gasa I y II), estas flores, sin embargo, son también una profesión de sobrevivencia. Emergiendo claras y salpicadas de color desde trasfondos oscuros, auguran en su precariedad el triunfo de la flor sobre la sombra.
Curiosamente, junto a ellas aparecen —y a primera vista de manera insólita— otras tres flores rubricadas bajo el título que le da nombre a la serie, “Flores para Sylvia”. Sobre ellas Martorell ha caligrafiado partes de la letra de aquel famoso bolero de Sylvia Rexach “Yo era una flor”. Este bolero va pleno (tal vez sin saberlo) de añejas tropologías poéticas que se remontan a lo más antiguo de la tradición literaria no solo occidental, sino persa y árabe, tales como las flores (que fueron todo un género, zahriyya, en la poesía del Al-Andalus) o la figura del ruiseñor, signo del éxtasis amoroso en la poesía persa (según lo ha estudiado Luce López-Baralt**).
No encontrarás belleza,
fíjate que todo aquí es maleza […]
Yo era una flor
que en la maleza creció […]
Un ruiseñor mi cáliz se llevó,
destrozándome el alma
y dejándome sumida en el dolor.
¿Qué sentido produce la irrupción de esta congoja en el cementerio florido? De manera inesperada, la serie vincula los signos de lo más agónico de una realidad política presente y desgarrada con lo más melancólico de la memoria cultural puertorriqueña, con lo más apesadumbrado de su canto, con la violencia del abandono y el desamor. No están las flores para Sylvia en sus superficies materiales hechas de gasa, sino de acrílico y collage sobre tela, pero con las de gasa comparten el dolor de una herida abierta. En ellas se invoca la forma musical que por excelencia nos ha apalabrado y somatizado la pérdida y la rotura de la subjetividad: el bolero, escuela de nuestras querencias, aquí invocado en una de sus versiones más trágicas—el timbre inconsolablemente entristecido de nuestra Sylvia Rexach.
Encadenando la solidaridad política al pathos amoroso, las flores de Martorell —con su visualidad táctil, con sus aromas sospechados, con la quejosa sonoridad de cantos apenas sugeridos, con el alma en pena— hacen del imperativo ético una pasión del cuerpo… pero también un agasajo. Como el de Sylvia, con un llanto delicadamente inconsolable por el sufrimiento de Palestina, es este pequeño jardín la ofrenda de Martorell a sus muertos. En torno a él nos convocamos.
De la serie Flores para Sylvia
(2023)
Flores para Sylvia I. Acrílico y collage sobre Lienzo
Flores para Sylvia II y III, Acrílico y collage sobre tela
La rosa de Jericó
Acrílico, gasa y tela sobre fieltro
Lirio I, Trinitaria y Lirio II
Carbón, pastel y gasa sobre tela
Créditos del vídeo La flor de Gaza de Roy Brown
Flor de Gaza, letra y música de Roy Brown
Canta Roy Brown
Obras presentadas por Antonio Martorell
Edición y realización de Alexandra Muñiz
Foto de las niñas gazatíes por Ibrahim Khader (fotoperiodista palestino)
Grabado y mezclado en marzo, 2024, Puerto Rico
Grabado por Andy Mendoza en San Germán
Gracias especiales a José Flores
Post producción, voces desde Palestina, mezcla por Carlos Rodríguez Quirozen Guaynabo
Asistente Hiram Alberto Duarte Medrano
Gracias especiales a Carlos Rodríguez Quirós, por su visión sonora
Master de David Cooley, Elysian Masters
Productor: Roy Brown
LaraYarí Publishing (ASCAP), Discos LaraYarí
Tato Santiago, papel guía
José Flores, guitarras, cajón, darbuka, coro
Benito Carrillo, cuatro puertorriqueño
Miguel Tito Rodríguez, violín
Toni Asencio, bajo
Benitza Toro, segunda voz, coro
Daniel Rivera, çümbüş, çümbüş-saz, lavta y Canto en árabe –
Coros adicionales: Victoria Alejandra Rodríguez Vivoni,
y Carlitos José y Angélica Rodríguez Rodríguez
Arte y carátula: Alexandra Muñiz
Flor de Jericó, cuadro de Antonio Martorell, elemento para la construcción de la carátula
Foto de las niñas gazatíes por Ibrahim Khader (foto periodista palestino)
Promoción en las redes por Alice Ayala y Fabiola Brown
**Nota bibliográfica: Sobre la figura del ruiseñor en la poesía persa ver de Luce López-Baralt, “La Filomena de San Juan de la Cruz: ¿Ruiseñor de Virgilio o de los persas?” Revista de Espiritualidad 61 (2002): 105-129.
