La Huelga del 1981 y mi docencia en la UPR‑Humacao

Idalia Ramos

Foto Ricardo Alcaraz

En 1981, cuando me integré al Comité contra el Alza en la Matrícula y Pro Nueva Ley Universitaria era estudiante subgraduada en el Departamento de Física de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras. Participaba activamente en la asociación de estudiantes del departamento y hacía investigación en física del estado sólido con el profesor Jorge Santiago Avilés. Un año y medio después de concluida la huelga estudiantil que dirigió el Comité, me expulsaron de la universidad y el decano de Ciencias Naturales, Manuel Gómez, ordenó llamar a la guardia universitaria para sacarme de un seminario de física con amenazas de mayores represalias si volvía a entrar al Recinto. En ese momento pensé que tendría que renunciar a mis planes de una futura vida académica dedicada a la enseñanza y la investigación en Puerto Rico.

Soy natural de Barranquitas y me crie en el sector rural el Guayabo entre Barranquitas, Aibonito y Coamo. Soy hija de Juan Ramos y Carmín Colón, educadores de escuela pública y activistas en muchos frentes: educación, comunidad, cultura, ambiente, sindicalismo y política. De niña en mi casa siempre se estaba organizando algo como la construcción de un acueducto comunitario o las protestas para que cesara el uso del Cañón de San Cristóbal como vertedero de basura por varios municipios de la región central. Mis hermanitos y yo fuimos parte del grupo que nos parábamos en la entrada para impedir el paso de los camiones. Gracias a esas luchas hoy esta formación topográfica es una reserva natural.

Un año y medio después de concluida la huelga estudiantil que dirigió el Comité, me expulsaron de la universidad y el decano de Ciencias Naturales, Manuel Gómez, ordenó llamar a la guardia universitaria para sacarme de un seminario de física con amenazas de mayores represalias si volvía a entrar al Recinto.

Estudié los primeros grados en la escuelita del Guayabo. De ahí pasé a la Segunda Unidad del Barrio Palo Hincado de Barranquitas donde mi padre era maestro de ciencias. Luego asistí a la Escuela Superior Vocacional del pueblo. Desde temprano desarrollé avidez por la lectura. Influenciada por maestras, maestros y una bibliotecaria que fueron fundamentales en mi formación, me incliné hacia las ciencias y las matemáticas, aunque me interesaban todas las disciplinas. En la escuela superior me uní al capítulo de la Federación de Estudiantes Pro Independencia y a un grupo más amplio de estudiantes y facultad que expulsó a un director inepto y represivo, y dirigió la escuela por un breve período de tiempo. En esos tiempos de crisis económica y luchas sindicales, nos movilizábamos desde la escuela para apoyar las luchas de trabajadores en fábricas, en el hospital público del pueblo y a la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER).

Photo of tents

Cómo estudiante en Río Piedras, asistí a la primera reunión del Comité contra el Alza invitada por Errol Montes Pizarro y acompañada por Carlos Molina Bernazar, ambos compañeros de física. Carlos fue uno de los primeros arrestados de la huelga. Los efectos de la represión se extendieron y nunca pudo graduarse de física. Después de realizar todo tipo de trabajos en Puerto Rico y Estados Unidos, emigró a Alaska y murió en 2015 víctima de cáncer. 

Al culminar la huelga yo fui una de las estudiantes suspendidas. Los asesores legales nos aconsejaron seguir asistiendo a los cursos previendo que las suspensiones se levantarían y que los procesos de expulsión tardarían lo suficiente como para podernos graduar. Efectivamente la suspensión se levantó y continué estudiando. Para mi sorpresa, en mayo de 1983, cuando me preparaba para los exámenes finales antes de graduarme, me citaron a una vista de expulsión. En la Junta de Disciplina le explicaron a nuestro asesor legal, Juan Santiago, que la vista se celebraba por la presión de Manuel Gómez, que llamaba constantemente a reclamarles que, por su lentitud en procesar los casos, yo me iba a graduar. Mi vista se celebró en conjunto con la de Ruth Arroyo, Iván Collazo, Javier Córdova y Ramón Torres, del Subcomité de Naturales del Comité contra el Alza. El proceso culminó con la expulsión de todo el grupo de la UPR. Más adelante, algunos de los testigos nos confesaron que Gómez les presionó para que testificaran. En 1980 se había inaugurado el Centro de Recursos para Ciencias e Ingeniería, una estructura administrativa dentro de la UPR dirigida por Gómez con la que él garantizaba su control sobre los fondos externos y que la ciencia de Puerto Rico se hiciera a su manera. 

En agosto de 1983 me trasladé a Filadelfia para hacer estudios graduados en ingeniería eléctrica en la Universidad de Pennsylvania (PENN). Por ingenuidad y falta de dinero yo sólo había solicitado a una escuela graduada. Me aceptaron, pero no me dieron beca. Ya estaba resignada a no poder continuar estudiando cuando la solidaridad de la gente de mi pueblo hizo posible ese viaje. Un vecino y líder comunitario, Jorge Mario Gogui Rodríguez, me consiguió una entrevista con el rector del Recinto de Barranquitas de la Universidad Interamericana para una beca que esa institución ofrecía y que me otorgaron. La Federación de Maestros de Barranquitas me ayudó con el viaje y otros gastos los cubrí con préstamos. Hasta el último momento no estuve segura si la expulsión afectaría mi admisión. Pero a PENN sólo le interesaba que hubiese completado los requisitos del bachillerato y no el diploma. Así que pude matricularme. 

Cuando viajé a escuela graduada era la primera vez que me montaba en un avión y no dominaba completamente el inglés. Estudié en una universidad de ricos, en un departamento conservador donde había muy pocas mujeres o minorías. Mi grupo de apoyo fue el grupo de solidaridad con Centro América y el Caribe en el cual militaba. En una ocasión invitamos a Roberto Alejandro a ofrecer una charla que fue muy concurrida. También participé en luchas feministas y contra el racismo. En Filadelfia conocí la comunidad puertorriqueña de la ciudad y sus luchas. Cuando regresé a Puerto Rico mi intención era volver a visitar esa ciudad que había aprendido a querer, pero no necesariamente regresar a PENN. Eventualmente hice ambas cosas. 

De vuelta en Puerto Rico trabajé enseñando electrónica y física en el Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana, cumpliendo así con el compromiso que había contraído al aceptar la beca. También ofrecí cursos en la Universidad Metropolitana (hoy Ana G. Méndez) y en la UPR-Río Piedras. Sin embargo, me quedaban otras metas académicas sin cumplir. 

En el 1993, cuando llegué a la UPR en Humacao a una posición por contrato en el Departamento de Física y Electrónica era el primer término de Pedro Rosselló como gobernador. Un químico y militar, Roberto Marrero, fue nombrado rector. Mi compañero, también huelguista del Subcomité de Naturales, José Sotero Esteva, se integró como profesor en el Departamento de Matemáticas. En Humacao encontramos gente competente y comprometida, incluyendo colegas que militaron en el Comité Contra el Alza y una universidad que tenía fuertes vínculos con las comunidades del este de la isla. Llegamos con ideas nuevas y deseos de contribuir a mejorar la educación. Luego de 28 años la Universidad ha cambiado mucho. La producción académica es cada vez más difícil. Me consuela pensar que casi tres décadas después no nos quitamos y seguimos empujando nuestras agendas para disgusto de algunos administradores, igual que hicimos en el ´81. 

En Humacao encontramos gente competente y comprometida, incluyendo colegas que militaron en el Comité Contra el Alza y una universidad que tenía fuertes vínculos con las comunidades del este de la isla. Llegamos con ideas nuevas y deseos de contribuir a mejorar la educación.

En el Departamento de Física de Humacao modernicé cursos, renové laboratorios de enseñanza, colaboré en la creación de programas nuevos y habilité un laboratorio de investigación. En el Comité Contra el Alza aprendí a trabajar con gente de distintas disciplinas y eso influyó en mi trabajo como educadora. Así que también me integré al Comité de Asuntos de la Mujer que existía desde la década de los ochenta e integraba profesoras, trabajadoras no docentes y estudiantes de todas las disciplinas. También formé parte de la Junta Editorial (multidisciplinaria) de la revista Exégesis del Recinto. Uno de mis proyectos especiales fue un programa de investigación de verano relacionado a los recursos de agua en la región de Humacao. En la década de los ´90, el problema de escasez y mala distribución del agua potable movilizó a las comunidades de la región, bajo el liderato del grupo Agua para Todos. Inspirados en esa coyuntura, estudiantes de distintas disciplinas desarrollaron investigaciones y trabajos creativos relacionados al tema. Los productos incluyeron una danza teatral que nos ganó la portada de un periódico en el estado de Kentucky, donde se presentaron los trabajos. 

Cuando me contrataron en UPR-Humacao yo era la única mujer en la facultad del departamento y fui la primera que obtuvo permanencia como profesora. Eso no era novedad. Yo nunca tuve una profesora de concentración, ni en física ni en ingeniería eléctrica. En casi todos mis cursos graduados fui la única mujer en el salón. Como profesora, quería unirme a esfuerzos crecientes por mejorar la participación de las mujeres en las llamadas ciencias duras y romper el techo de vidrio: las barreras que impiden el avance de las mujeres en estas disciplinas. Mi meta inicial era modesta: que las estudiantes supieran que yo estaba allí para apoyarlas. No imaginaba lo que desataría. Integré historias de científicas al curso de Ciencias Físicas y preparé afiches para dar a conocer esas historias a la comunidad universitaria con la ayuda de las estudiantes y secretarias del departamento. Solicité fondos para traer como invitadas a físicas reconocidas que presentaban sus investigaciones y compartían sus experiencias con las estudiantes. 

En 1994 el Rector anunció que la universidad tenía fondos para iniciativas innovadoras que servirían para aumentar la retención de estudiantes en las ciencias. Esa era mi oportunidad de avanzar mis metas y comencé a preparar una propuesta para un taller de verano donde participarían todas las estudiantes admitidas a los programas de física. Mis compañeros de departamento, algunos con buenas intenciones, me dijeron que no perdiera el tiempo, porque un rector militar y estadista nunca apoyaría ese tipo de actividad. Convencida de que la iba a rechazar, quise hacerle más difícil la tarea y sometí una propuesta blindada, documentada con abundante literatura académica que apoyaba las estrategias propuestas, así como formas de medir efectividad. Quizás esa primera experiencia fue la que me ayudó a ser exitosa en propuestas futuras. Para mi sorpresa, al día siguiente de enviarla, aquel Rector llegó a mi oficina para felicitarme por una iniciativa de clara inclinación feminista. Así, en el verano 1995 celebramos el primer taller para mujeres de nuevo ingreso a los programas de bachillerato y grado asociado en física y electrónica. La agenda era ambiciosa. Hablamos de ciencias, visitamos laboratorios de investigación, discutimos asuntos de género, compartimos con otras científicas y feministas del Recinto, y trabajamos con herramientas y componentes electrónicos para construir aparatos de comunicación. En el 1996, aumentaron las solicitudes de mujeres al departamento y celebramos otro taller similar. Ese año se organizó la Asociación de Mujeres en Física y Electrónica, que continuó adelantado lo ya empezado. El reclutamiento y retención de mujeres en el programa de bachillerato siguió aumentando, llegando a superar un altísimo 40%. Mejor aún, más de la mitad de la investigación subgraduada era hecha por mujeres y su liderato en el departamento era evidente. Algunos colegas apoyaron las iniciativas y se alegraron porque teníamos más y mejores estudiantes. Otros mostraron recelo, temor y antagonismo cuando seguimos ganando espacio. Especialmente cuando aumentaron las denuncias de estudiantes por hostigamiento y acoso sexual.

En el verano de 1994 regresé a PENN para adquirir ideas nuevas para mi investigación. Como estudiante graduada yo había trabajado en el procesamiento de imágenes y quería moverme a un tema más apropiado para los laboratorios e intereses de Humacao utilizando nuevos materiales para construir dispositivos electrónicos. Con la ayuda de mi consejero subgraduado, Santiago, que había dejado su cátedra en Río Piedras para unirse a la facultad de PENN, trabajé con el profesor William Graham del Departamento de Ciencias e Ingeniería de Materiales. En el edificio de materiales, que queda en la misma cuadra que los de ingeniería eléctrica en los que me sentí tan sola en mis años de estudiante, me sentí a gusto en el ambiente multidisciplinario propio de esa disciplina. Ese verano conocí a Andrew McGhie, director asociado del Centro de Materiales, quién a partir de entonces comenzó a visitar Humacao y a reclutar estudiantes para su programa de investigación de verano. Yo continué, en colaboración con Santiago, desarrollando proyectos con los recursos disponibles en Humacao, enviando estudiantes a PENN y a otros programas de verano y preparándolos para seguir estudios graduados. 

A finales de los 90´s comenzaron a extinguirse los fondos institucionales semilla para proyectos especiales y de investigación, los fondos de viajes para profesores visitantes y otras aportaciones que, aunque modestas, enriquecían la academia. El Comité de Asuntos de la Mujer dejó de recibir fondos institucionales. Aunque buscar fondos externos, sobre todo federales, era mal visto entre algunos sectores nacionalistas, ya era evidente que esa sería la única opción para quienes quisiéramos continuar las investigaciones y otras actividades académicas. A finales del 1997, recibí una llamada del colega McGhie de PENN sugiriendo que solicitáramos auspicio de un programa nuevo de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF por sus siglas en inglés) para crear alianzas entre centros de investigación en materiales y universidades de minorías. La convocatoria tenía como condición que la UPR tendría que aportar fondos de pareo. El presidente de la UPR había dicho que tenía fondos para incentivar propuestas de este tipo, pero había un problema. La petición tenía que hacerse al vicepresidente de investigación de la UPR que en ese momento era nada menos aquel decano de Naturales que quiso arruinar mi carrera académica: Manuel Gómez. Era de conocimiento general que Gómez, en su visión jerárquica y elitista, no apoyaba la investigación en los recintos subgraduados independientemente de sus méritos a menos que fuera subordinada a los graduados o en función de entrenar estudiantes que él luego pudiese incluir en sus informes. Eso sin contar que se trataba de asignar fondos a ex-huelguistas. Por suerte el rector Marrero manejó muy bien la petición y Gómez tuvo que suscribir el compromiso de pareo. La propuesta se aprobó. 

El programa llamado Collaborative to Integrate Research and Education in Materials (CIRE) transformó y elevó a otro nivel la investigación en Humacao y nos convirtió en el primer grupo de investigación en Puerto Rico que incursionó en el campo de la nanotecnología. Súbitamente adquirimos equipos avanzados y nos encontramos colaborando con científicos de reconocimiento mundial, incluyendo a Alan MacDiarmid, quien en 2000 dio en Humacao su primera charla después de recibir el Premio Nobel en Química. La historia demostró que esta combinación entre instituciones tan distintas era una ganadora. En 2003 el programa CIRE fue reemplazado por otro llamado Partnership for Research and Education in Materials (PREM). Desde ese año hemos competido y obtenido el auspicio continuo de PREM. Como directora de UPR-PENN-PREM, he sido afortunada al trabajar con un grupo extraordinario de facultad, personal y estudiantes, siempre en la disposición de trabajar y de innovar. Contrario a la percepción de que siempre la agencia auspiciadora define completamente el rumbo del trabajo, en la División de Materiales de NSF encontré espacio para adelantar nuestras ideas y para el activismo científico. PREM es un programa para diversificar las ciencias de materiales. El PREM de Humacao impulsó que esa definición se expandiera más allá del origen étnico o la raza para considerar otros criterios como género y situación socioeconómica. Para llegar a los sectores más marginados, nos hemos enfocado en trabajar con escuelas públicas, comunidades pobres y sectores rurales aislados. Esto ha provocado que ocasionalmente se nos acuse de discriminar contra estudiantes de escuelas privadas y de usar la ciencia para promover la ideología de género. Nuestro PREM ha integrado a miles de estudiantes y público general en actividades de divulgación en escuelas, comunidades y museos. Cientos de estudiantes han participado en investigaciones y decenas se han graduado con maestrías y doctorados, la mayoría de ellas son mujeres de familias trabajadoras que comenzaron sus carreras con PREM en la escuela superior o en los primeros años de universidad. 

Regresando al trabajo de las mujeres, cuando empezábamos CIRE en 1999, la compañera Sara Benítez del Comité de Asuntos de la Mujer y profesora de Ciencias Sociales y yo respondimos a una convocatoria del Departamento de Justicia Federal para un Programa de Prevención de Violencia hacia las Mujeres. Ese proyecto puso a Humacao a la vanguardia en el desarrollo de un programa educativo de prevención y en políticas para manejar casos de violencia de género en la universidad. Prevención continuó por muchos años bajo el liderato de Sara y de María del Pilar Rodríguez, del programa de Trabajo Social, y evolucionó en otros proyectos que defienden los derechos de las mujeres y de la comunidad LBGTQ+ en el Recinto. 

En 2001, la NSF creó el programa ADVANCE Institutional Transformation con el objetivo de transformar las universidades para aumentar la participación de las profesoras en ciencias. Con Sara Benítez trabajamos en la descripción de las condiciones de las profesoras de ciencias (naturales y sociales) en el Recinto y proponiendo estrategias para cambiarla, a partir del trabajo que ya habíamos hecho. Cuando aprobaron la propuesta, nos sorprendimos porque Humacao era la única institución subgraduada y pequeña que había sido seleccionada, siendo las otras California-Irvine, Colorado-Boulder, Georgia Tech., Hunter College, Michigan-Ann Arbor, New Mexico State, U. Washington y Wisconsin-Madison. Junto a éstas definimos lo que sería el programa y las agendas de trabajo de ADVANCE a nivel de NSF. Nuestro programa siempre se destacó por mantener una visión feminista y priorizó el trabajo de abajo hacía arriba, empoderando a las profesoras para transformar la institución, y no promoviendo políticas desde la administración universitaria. 

La transformación se hizo evidente en Naturales y Sociales, pero también en el resto del Recinto que participaba en las actividades de educación y desarrollo de políticas. Con apoyo de ADVANCE, las profesoras empezaron a tener investigaciones más productivas, ascensos y reconocimientos. La Asociación de Docentes extendió el impacto del proyecto, estableciendo un programa para apoyar a profesoras que no eran de ciencias con fondos para publicaciones o viajes a conferencias. El ambiente entre las mujeres y los hombres solidarios era de optimismo. En 2003 Prevención y ADVANCE organizaron en Humacao el IV Coloquio Nacional sobre las Mujeres, un congreso que se había originado en Mayagüez en el 1997. La entonces Procuradora de las Mujeres, María D. Fernós, y otras feministas nos acompañaron para participar del evento que también integró charlas científicas y una científica feminista, Helen Davies, como conferenciante plenaria. 

En Humacao, casi la mitad del estudiantado es de Naturales y muchas de las luchas estudiantiles han estado lideradas por mujeres de ciencias. Aunque ADVANCE estaba dirigido a la facultad, muchas estudiantes participaron en el proyecto. A tono con el ambiente imperante, la Asociación de Mujeres en Física y Electrónica se radicalizó y cambió su nombre a Laboratorio Feminista

En el Comité Contra el Alza del ´81, como se ha dicho muchas veces, las mujeres tuvimos un rol importante en el liderato intermedio que se encargaba del trabajo en las facultades. Sin embargo, eran hombres, a excepción de Eva García en representación del sector católico, quienes tenían mayor visibilidad como líderes. Recuerdo discusiones dónde se expresaba malestar por la situación, pero no recuerdo haber participado en acciones significativas para que eso cambiara. Cuando llegué a Humacao, existía una organización estudiantil de izquierda con problemas similares a los del Comité Contra el Alza en cuanto a la visibilidad de las mujeres. En la época de ADVANCE y Laboratorio Feminista, molestas con el rol de las mujeres en ese grupo, las militantes actuaron. Renunciaron en bloque, dejaron a los hombres solos y promovieron en la Universidad una agenda mucho más progresista. 

La reacción de los sectores conservadores y machistas ante el impacto de Prevención y de ADVANCE fue tardía. Las colegas de las otras universidades que componían ADVANCE ya se habían enfrentado a acusaciones de discrimen inverso desde el comienzo de los programas. Los ataques contra nosotras en Humacao empezaron en Humanidades con designaciones de hembrismo y siguieron en Física donde nos acusaban de desplazar a padres de familias puertorriqueñas. Es que implementando las nuevas políticas de reclutamiento de facultad impulsadas por ADVANCE, se hicieron convocatorias verdaderamente abiertas que incluyeron acciones afirmativas diseminadas a través de organizaciones profesionales de mujeres. A consecuencia de esto, en 2004 el Departamento de Física había reclutado a otra mujer, una física con un expediente académico extraordinario de investigación y educación que resultó ser extranjera. Esa contratación desató una guerra en el departamento que le costó su puesto a un director solidario, Juan C. Cersosimo. La avanzada reaccionaria también impactó a la Asociación de Docentes, donde una nueva Junta se unió a la agenda machista y xenofóbica y enterraron el legado de una organización que fue importante y que ahora prácticamente no existe. 

A casi dos décadas de comenzar Prevención y ADVANCE, reflexionamos sobre esas experiencias en el XII Coloquio Nacional sobre las Mujeres que se celebró en UPR-Río Piedras en 2019. Varias colegas testificaron sobre el impacto positivo de ADVANCE en sus carreras, en sus departamentos y en la institución. A pesar de la resistencia inicial, en el Departamento de Física de Humacao se acabó la tradición de no contratar mujeres. Actualmente, las profesoras somos el 38% (5 de 13) del profesorado. En comparación, el promedio en universidades de Estados Unidos fluctúa entre 16% y 22%, de acuerdo con el tipo de institución. En los otros dos programas de física en Puerto Rico, UPR-Río Piedras tiene un 7% (1 de 14) y UPR-Mayagüez un 4% (1 de 24) de mujeres en la facultad. 

Después de perseguirnos porque, según él, queríamos destruir la universidad, Manuel Gómez acabó siendo investigado por corrupción en el manejo de fondos federales.

Students on picket line
Foto Ricardo Alcaraz

Creo que no he cambiado mucho en estos 40 años después de la huelga del 81. Sigo batallando con la timidez que heredé de los Ramos, pero no dejo de pelear por las causas en las que creo. Pude cumplir con mi aspiración de ser profesora e investigadora. Después de perseguirnos porque, según él, queríamos destruir la universidad, Manuel Gómez acabó siendo investigado por corrupción en el manejo de fondos federales (específicamente de NSF), la universidad tuvo que pagar multas millonarias por sus acciones y, aunque se libró de multas mayores, tuvo que retirarse sin pena ni gloria. Yo nunca he ocupado puestos administrativos en la universidad y siempre he tratado de estar aliada en las luchas. Ante los continuos cambios de administración, he valorado a quienes me ayudaron y seguido adelante cuando entorpecen mi trabajo. He tenido una carrera productiva y me atrevo a decir que he aportado a mejorar la educación en Puerto Rico.  Lo que aprendí como militante y Coordinadora del Subcomité de Naturales en la huelga de 1981 ha tenido una gran influencia en mi profesión. Los proyectos multidisciplinarios, los esfuerzos por difundir la ciencia más allá del salón de clases y por empoderar a mujeres y comunidades desventajadas son la continuación de lo que empezamos hace 40 años.  Espero poder seguir aportando, pero sobre todo espero que la nueva generación que ayudé a formar continúe el legado de defender la ciencia, la diversidad y la lucha por una universidad pública de calidad y accesible. 

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